Una luchadora infatigable por los derechos humanos y la dignidad

Fecha: lunes, 1 de diciembre de 2014

WOA Thailand Angkhana ES

Angkhana Neelapaijit se había imaginado una vida muy diferente a la que tiene ahora. La repentina desaparición de su marido, Somchai Neelapaijit, un abogado defensor de los derechos humanos, cambió el curso de su vida y la llevó por un camino que nunca pensó que tendría que recorrer. De ama de casa con una licenciatura en derecho que cuidaba de su marido y sus cinco hijas e hijos, se convirtió en una valiente defensora de los derechos humanos, trabajando incesantemente para recuperar a su marido y ayudando a muchas otras personas que sufrían violaciones de sus derechos.

Galardonada con el prestigioso Premio Gwangju de Derechos Humanos, que reconoce a aquellas personas que han contribuido a fomentar los derechos humanos, la democracia y la paz, Angkhana Neelapaijit ha recibido también el reconocimiento de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Tailandia.

Tras la desaparición de su marido en 2004, Angkhana Neelapaijit fue incluida en el programa del gobierno para la protección de testigos, y ha sido objeto de diversas amenazas de muerte por la representación, tanto la de ella como la de su marido, de casos legales controvertidos. A pesar del turbulento panorama político de Tailandia, nunca se ha echado atrás a la hora de defender casos de derechos humanos, como las presuntas violaciones de varias jóvenes por parte de soldados, matrimonios infantiles forzados y desapariciones de personas de diversas etnicidades y religiones durante los golpes de estado.

Neelapaijit es presidenta de la Fundación Justicia por la Paz, y Amnistía Internacional la ha descrito como “una de las principales defensoras de los derechos humanos en el sur de Tailandia”. La historia de Neelapaijit fue plasmada en un conocido documental titulado “Injusto”, en 2011, película que obtuvo un Premio Especial del Jurado en el festival Movies that Matter de La Haya.

¿El hecho de ser mujer ha influido a la hora de poder alcanzar todo lo que ha logrado hasta ahora?

Sí, siendo mujer me resulta más fácil hablar con la gente. Puedo crear alianzas y abrir vías para dar voz a todas las personas silenciadas. He hablado con centenares de sobrevivientes de abusos de derechos humanos y he organizado recursos de ayuda para familias que atraviesan malos momentos. Nunca he perdido la esperanza en el sistema político y judicial, he trabajado con partes interesadas de todos los sectores para aportar cambios y una transformación estructural que garantice que Tailandia cumpla con sus promesas y obligaciones.

¿Cuáles fueron los mayores obstáculos a los que se enfrentó para llegar donde está hoy en día?

Como cualquier otra persona que trabaja fomentando los derechos humanos, a menudo me he encontrado con personas desconocidas que cuestionaban mi trabajo a favor de los derechos humanos y los derechos de las mujeres que se quedan atrás. Como mujer musulmana que trabaja en cuestiones relacionadas con los derechos de las mujeres, la seguridad personal es una de mis preocupaciones.

Cuéntenos algo de su infancia, sus ambiciones y quién le inspiró o influenció para convertirse en quien es ahora.

Nací en una familia musulmana de Bangkok. A pesar de ser pobres, mi madre y mi padre daban mucha importancia a la educación y me enviaron, junto con mis hermanas, a buenas escuelas de primaria y secundaria, gracias a lo cual pude recibir una beca de la Universidad de Mahidol para realizar estudios superiores de enfermería en 1976.

En octubre de 1976, presencié la Masacre de la Universidad de Thammasat, también conocida como la Masacre del 6 de octubre de 1976. Los estudiantes protestaban contra el regreso a Tailandia del anterior dictador, el General Thanom Kittikachorn. Esta represión causó la muerte de diversos estudiantes y desencadenó su huida hacia la selva. El compromiso y la fuerza de estos estudiantes siempre me han inspirado para trabajar a favor de los derechos humanos, la justicia y la paz.

¿Cuál cree que es su mayor aportación a la sociedad y a su comunidad?

Creo que es absolutamente necesario combinar el trabajo a nivel local con el trabajo a nivel nacional, regional e internacional. Yo me encargo de conectar el trabajo con personas sobrevivientes y sus familias con el de los organismos gubernamentales y las Naciones Unidas. De esta manera puedo relatar historias muy duras que ocurren sobre el terreno en escenarios nacionales y ante la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

¿Qué mensaje transmitiría a otras mujeres y niñas que pueden verse inspiradas por su trayectoria?

Diría que, en realidad, la mayoría de mujeres sufren el conflicto y la violencia de una manera distinta a la mayoría de hombres. Asimismo, ellas desarrollan habilidades y conocimientos únicos para resistir, abordar y prevenir el conflicto. El trabajo a favor de la justicia y la paz no puede permitirse pasar por alto las aportaciones constructivas de las mujeres. Tampoco se debe perder nunca la esperanza. Hay que ser fuerte y valiente para conseguir cambios.

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