Rafiq Pathan – Por la senda menos conocida, cambiando maneras de sentir y pensar

Fecha: domingo, 31 de agosto de 2014

Champion he for she India Rafiq Pathan ES

En los soleados y calurosos desiertos de Rajastán, el estado más grande de la India, él es una persona influyente por excelencia. Su público es variado, pero sólo tiene una misión: asegurarse de que se ponga fin al feticidio femenino y que las niñas puedan disfrutar de una vida feliz y productiva.

Rafiq Pathan, de la India, ha encabezado los esfuerzos para poner fin a la discriminación contra las niñas y planta un árbol frutal simbólicamente cada vez que nace una niña. Se adentra por la difícil senda que pocos hombres han transitado antes, llevando a cabo actividades de base para cambiar la manera de sentir y pensar de madres y padres, muchos de los cuales valoran más tener un hijo varón. Este sarpanch (líder del consejo de la aldea) de cuatro aldeas remotas y empobrecidas utiliza una estrategia única. Aúna el activismo a favor de la igualdad de género con la protección medioambiental y utiliza su influencia como líder del consejo de la aldea para apoyar a las niñas, movilizando a su equipo del consejo de la aldea para que colabore con él para garantizar así que las niñas puedan aprovechar todo su potencial.

A pesar de la estricta legislación que existe para evitar esta práctica, en algunas partes de la India, los padres que esperan un bebé realizan una prueba por ecografía periódicamente para determinar el sexo del feto. A menudo deciden abortar si el feto es femenino, por diversos motivos, que incluyen la carga económica anticipada de la dote que todavía muchas familias siguen pagando por el matrimonio de una hija, y por la percepción de que las niñas finalmente no se separarán de su casa marital, a diferencia de los hijos varones, que seguirán con los padres y los cuidarán cuando sean mayores. En Rajastán, el fenómeno del feticidio femenino ha derivado en una proporción entre hombres y mujeres muy sesgada: según el censo de 2011, la proporción infantil para edades de seis años o menos era de 888 niñas por 1.000 niños en ese año.

En su lucha contra los estereotipos y las normas de género intrincadas, Rafiq trabaja con la comunidad para poner fin a esta práctica implicando a todas las personas de la aldea. Así, consulta tanto a habitantes como a profesionales de la atención sanitaria, y envía parteras a las madres embarazadas tan pronto como se sabe que va a nacer una niña. Para contrarrestar cualquier posible plan de poner fin a la vida de una niña, difunde la noticia de que ésta está a punto de llegar, y se ocupa de las necesidades de la madre, preparando celebraciones en la comunidad e incluso organizando adopciones de algunas de las niñas de familias más pobres para liberarles del esfuerzo económico y ofrecerle una vida mejor al bebé. Defensor de #heforshe y firme activista a favor de la educación, crea un fondo comunitario cuando nace una niña con el objetivo de contribuir a su futura escolarización.

Gracias a los esfuerzos que realiza para cambiar la mentalidad de las comunidades, Rafiq ha logrado el reconocimiento internacional en la prensa de todo el mundo por su labor, además de haber sido aclamado por el gobierno estatal y galardonado con una medalla de oro, el más alto honor, por su trabajo en el ámbito del ecofeminismo.

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