La educación debe ser reevaluada, reenfocada y redefinida

Fecha: lunes, 2 de febrero de 2015

Oped photo Nicola Grinstead
Foto cortesía de la Asociación Mundial de las Guías Scouts

Nicola Grinstead es la Presidenta del Consejo Mundial de la Asociación Mundial de las Guías Scouts, un movimiento global de 10 millones de niñas y mujeres jóvenes de 146 países dedicado a prestar apoyo a las niñas y las mujeres jóvenes para que alcancen todo su potencial. En este artículo de opinión, ella resalta la importancia del aprendizaje continuo a lo largo de la vida, de la educación no formal y autodidacta y de cómo implicar a niñas y niños para erradicar la violencia de género.

La comunidad mundial y la gran mayoría de las sociedades de los países, así como expertas y expertos de diversas disciplinas concuerdan en que, casi más que cualquier otra intervención, la educación tiene un efecto beneficioso y transformador en la vida de las personas y las comunidades. Para las personas expuestas a los efectos devastadores de la desigualdad, la educación se erige como la herramienta que las sacará de la pobreza, las alejará de los altos índices de mortalidad y las pondrá a salvo de la violencia.

Yo soy parte de ese consenso, pero, y este es un gran pero, nuestra idea de educación y su aplicación práctica sobre el terreno debe ser reevaluada, reenfocada y redefinida.

Reevaluada porque lo que no goza del mismo consenso general que el poder de la educación es la necesidad de inversión en ella para que no se limite al acceso a la escuela primaria. Se trata de darle continuidad, con formación secundaria y superior. Para que sea verdaderamente transformadora, para que llegue a las personas a las que más difícil es llevarla, para garantizar que apoyemos a aquellas personas adultas que jamás tuvieron formación y que han quedado olvidadas, la educación debe consistir en un aprendizaje permanente.

Reenfocada porque la educación no se trata simplemente de aprender a hacer cálculos y a leer y escribir. Debe, además, iniciar al alumnado (por emplear la jerga del desarrollo mundial) en las “habilidades del siglo xxi”. Esto alude a cuestiones como ciudadanía, liderazgo, confianza y autoestima. Y debe abordar los desafíos a los que las personas se enfrentan en el siglo xxi, por ejemplo, la cuestión de la seguridad del cuerpo para las niñas.

Redefinida porque, si bien la definición de la UNESCO para educación condensa tres pilares clave (formal, no formal e informal), la educación formal tiende a eclipsar las otras posibilidades. Los planes de acción, por tanto, se restringen y encauzan para apoyar la educación en escenarios escolares y formales, de los cuales naturalmente derivan las normas, la financiación y los esfuerzos. No obstante, la educación no formal puede, y de hecho ya es así en muchos casos, resultar útil para la superación de lo que a menudo se consideran desafíos difíciles, como la violencia de género, los conflictos y la sostenibilidad.

De mí se espera que argumente estos puntos como Presidenta de la Asociación Mundial de las Guías Scouts, una organización que lleva más de 100 años defendiendo la importancia de una vida colmada de aprendizaje, ciudadanía y una educación autorregulada. Existen investigaciones independientes que avalan esta noción con constataciones que sugieren que, para alcanzar todo su potencial, una niña al cumplir los 12 años debe tener cinco cosas, cinco amigos, un espacio propio donde reunirse con ellos, un figura femenina algunos años mayor que le sirva de modelo, derechos ciudadanos, conocimientos sobre la vida cotidiana (como información sobre la salud), y ahorros.

Ya llevo seis meses en este cargo y lo que me inspiró a presentarme a él fueron estas cuestiones, puesto que son la esencia misma de la actividad scout. Deberían ser también la esencia misma de la educación, concretamente, de la educación que todas y todos deseamos para nuestras hijas y nuestros hijos.

Sin embargo, desde la Declaración de Beijing, de la que han transcurrido ya prácticamente 20 años, las medidas adoptadas para garantizar un despliegue máximo de la educación han sido superficiales en comparación con la tarea aún pendiente. Para estar a la altura de las expectativas de Beijing, creo que no sólo debemos reevaluar, reenfocar y redefinir la educación. Si el empoderamiento es nuestro objetivo último, debemos convertirlo en el pilar de la educación.

Y en lugar de que sean los gobiernos, las ONG, las expertas, los expertos y los donantes quienes decidan qué es importante y más efectivo, debemos buscar las respuestas en las personas que procuran educarse.

En el movimiento scout, constantemente les preguntamos a las niñas y las jóvenes qué les interesa. El testimonio más reciente de ello es el proceso de selección de la nueva Presidenta Ejecutiva de la Asociación Mundial, con un panel de mujeres jóvenes en el proceso de entrevistas y la designación de Anita Tiessen, que se nos unirá en abril desde UNICEF Reino Unido. Imaginen a una empresa de la lista Fortune 500 que haga que sus clientes entrevisten a las candidatas y los candidatos a la dirección ejecutiva.

Imaginen que pudiéramos añadir el empoderamiento a la lista de lecturas obligatorias. Para mí, y para las Niñas Guías Scout de todo el mundo, el empoderamiento significa ser capaz de alcanzar todo nuestro potencial. Y en este punto, creo, está lo que debemos agregar a los debates habituales sobre empoderamiento; se trata de ser capaces de apoyar y transmitir esas habilidades, oportunidades y actitudes a las personas y las comunidades que nos rodean, con liderazgo, ciudadanía y confianza.

Imaginen un mundo donde abunde el personal educativo excelente y comprometido, así como las oportunidades para aprender de las y los pares sobre aspectos importantes y que podrían marcar la diferencia en nuestras vidas, de un modo que tengan sentido y brindadas en espacios seguros. Luego imaginen un mundo donde las niñas pospongan el matrimonio y la maternidad, donde la violencia de género esté erradicada, donde las familias sean más saludables, donde la pobreza sea algo insólito y donde todas las personas disfrutemos de un modo de vida sostenible.

Cambiemos cómo pensamos sobre la educación, invirtamos más en ella y no tendremos que imaginarnos ese nuevo mundo audaz: estaremos viviendo en él.

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