Vidas a salvo con investigación científica

Fecha: miércoles, 1 de abril de 2015

Asel Sarbaeva ES

Mientras combina diversos compuestos químicos en un tubo de ensayos, toma nota pormenorizada para cerciorarse de registrar cada etapa del experimento. En esta etapa temprana de su investigación sobre nano recubrimiento con sílice, cada ensayo es importante.

Con 36 años de edad, Asel Sartbaeva, una de las primeras científicas del Asia Central internacionalmente reconocidas, busca crear una forma de transportar vacunas donde no intervengan los costosos y desafiantes procedimientos necesarios para mantenerlas a baja temperatura. De tener éxito, su innovadora investigación podría salvar millones de vidas en todo el mundo y reducir el precio de las vacunas de modo de que se pueda disponer de ellas más ampliamente en los países en desarrollo. Preseleccionada por su labor para la destacada Beca L’OREAL-UNESCO para las Mujeres en la Ciencia, además ha atraído la atención pública como uno de los 175 Rostros de la Química de la Real Sociedad de la Química en el Reino Unido.

Nacida en la ex Unión Soviética, en lo que hoy se conoce como Kirguistán, su madre y su padre eran dos apasionados de las ciencias sociales y el arte. Demostró su interés por las ciencias a temprana edad; comenta bromeando que esto era un acto de rebeldía adolescente. Aunque, de modo más serio, agrega que sus docentes de ciencias en la escuela secundaria encendieron la chispa de su amor por la ciencia. Al graduarse de sus estudios en ciencias naturales como la única mujer estudiante kirguís de la Universidad Eslava Kirguís-Rusa, decidió dedicarse a una carrera académica. Dedicó seis años a buscar una beca en el exterior para concluir sus estudios. Finalmente, su persistencia rindió frutos y obtuvo una beca en la Universidad de Cambridge en el Reino Unido.

Al haber recorrido con éxito los ámbitos de la química y la física, generalmente dominados por los hombres, en la actualidad es Investigadora de la Universidad de Bath en el Reino Unido. Ahora es madre de una pequeña y lleva 14 años residiendo fuera de su país natal, aunque sabe que lo hace por un bien mayor. Dice que muchos puestos en su país se centran más en la docencia y que ella prefiere continuar su investigación como forma de servir mejor a quienes no pueden costear las vacunas en el mercado actual. Aquí habla de los desafíos de ser una de las pocas mujeres científicas no sólo de Kirguistán, sino también de todo el mundo.

¿Cuáles cree que han sido los factores más importantes que le han ayudado a llegar donde se encuentra actualmente?

La tenacidad y la suerte. Como alguien famoso dijo alguna vez: “Cuanto más trabajo, más suerte tengo.” De ese tipo de suerte hablo. Cuando buscaba una beca para terminar mis estudios y obtener un doctorado, siempre que me decían “NO”, a pesar de estar molesta, pensaba en mi sueño de ser científica y eso me mantenía de pie.

Cuéntenos algo de su infancia, sus ambiciones y quién le inspiró o influenció para convertirse en quien es ahora.

Mi madre es mi mayor inspiración. Ella inspiró y entusiasmó a muchas mujeres. Ella nos crió, a mi hermano y a mí, durante momentos realmente muy difíciles luego de la disolución de la Unión Soviética. De pequeña, era bastante testaruda; hasta podría decirse que era obstinada. Muy pronto supe que quería hacer una carrera en las ciencias, pero también sabía que yo podía tener éxito en lo que me propusiera.

¿El hecho de ser mujer ha influido en su trayectoria hasta hoy? ¿De qué manera?

Sé que no debería haber afectado mi carrera, pero creo que sí lo hizo. Curiosamente, no todo es negativo. Desde luego, debí tomar una licencia por maternidad y me ausenté del trabajo durante seis meses, y luego me tomó un tiempo volver a ponerme al día. No pude viajar durante casi tres años luego de la licencia por maternidad, lo cual era una gran desventaja. Una vez que tomas la licencia por maternidad, la gente deja de invitarte a disertar o dar conferencias y no es sencillo dejar a la familia para viajar a conferencias o talleres en todo el mundo. Esos son contratiempos obvios. Aparte de ello, existen otras desventajas mucho más sutiles: en ocasiones encuentro que debo esforzarme mucho más para decir algo de modo que mis colegas hombres presten atención.

En la ciencia también puede sacársele provecho a ser mujer. La gente a menudo me recuerda por las conferencias, especialmente si soy la única mujer disertante. Luego de tener a mi hija, tuve ideas nuevas para mi investigación, de modo que fue algo muy enriquecedor. Probablemente sea más productiva ahora que los días de trabajo son más cortos. Ya no puedo quedarme en el laboratorio por muchas horas como lo hacía antes de tener a mi hija.

¿Cuál cree que es su mayor aportación a la sociedad?

Preparo muy buen té ­–es broma. Me gusta pensar que generar conocimientos es una buena contribución. Capacitar a una nueva generación de científicas y científicos sería otra. Dar a luz a una niñita saludable y feliz es una aportación muy grande, creo.

¿Cuál es su principal mensaje para la generación más joven? ¿Qué tienen que aprender de su experiencia?

Si desean sobresalir en las ciencias, deben creer en sí mismas/os y no dejar que nadie más les dicte sus metas y aspiraciones. Una carrera en las ciencias no siempre es sencilla. Nada supera al trabajo duro. Mientras más trabajadora sea la gente joven, más éxito tendrá.

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