Una nueva senda para las mujeres en la medicina y la atención sanitaria

Fecha: miércoles, 1 de abril de 2015

Josephine Namboze ES

De jovencita, en un suburbio de Kampala, Uganda, Josephine Namboze reflexionaba sobre todo lo referido a las ciencias. Creció en una aldea agrícola en un país donde las niñas generalmente eran consideradas un medio para buscar un buen precio como novias para contraer matrimonio con algún hombre acaudalado. Si bien la suya era una aldea progresista, la atención sanitaria para las mujeres en otras áreas era vista como un aspecto secundario.

La madre y el padre de Namboze tenían educación, tenían inclinaciones artísticas y eran muy modernos, por ello enviaron a su hija a un internado durante años para darle la mejor formación posible. Como la única mujer inscrita en la facultad de medicina, aprendió a trabajar más arduamente que sus compañeros varones para prosperar. Finalmente decidió especializarse en salud materna e infantil para ocuparse de uno de los mayores problemas en la región del África Oriental y Central: la mortalidad materna. Así fue como avanzó hasta convertirse en la primera mujer en dirigir un instituto de salud pública en la Facultad de Medicina de la Universidad de Makerere.

Poco después de conquistar el mundo de la medicina, comenzó a enseñar y hoy es reconocida como la primera mujer profesora de medicina en el África Oriental. Luego se convirtió en Directora de Apoyo para el Desarrollo de los Servicios de Salud de la oficina regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Brazzaville, República del Congo, donde dirigió iniciativas sanitarias para 46 países de la región. Fue además la primera Representante de la OMS en Botswana. Namboze actualmente forma parte del Consejo Ejecutivo de diversas ONG y hospitales, y preside el Comité Nacional de Certificación para la Iniciativa por la Erradicación de la Poliomielitis en Uganda. Ha sido acreditada por numerosos organismos médicos por su exhaustiva investigación de la enfermedad, que presupone que generalmente una serie de enfermedades se debía a la falta de medios económicos y a las malas condiciones ambientales. Namboze señaló abiertamente que la raza no era un factor determinante de la enfermedad en una época en que esa opinión era poco común.

Madre de cuatro hijas e hijos, equilibra una carrera de vanguardia con su rol en el hogar. Aquí nos habla sobre su trayectoria en el África colonial y poscolonial como la primera mujer médico del África Oriental y Central.

¿Cuáles cree que han sido los factores más importantes que le han ayudado a llegar donde se encuentra actualmente?

Mi padre me llevaba al hospital cuando me enfermaba. Uno de los doctores del hospital vivía cerca y sus hijas e hijos jugaban con mis hermanos. Llegamos a conocerlos muy bien y eso me inspiró a estudiar medicina. En el hospital había algunas doctoras expatriadas y eso me enseñó que ser mujer y ser médico era posible.

¿Cuáles fueron los mayores obstáculos a los que se enfrentó para alcanzar sus metas profesionales?

La actitud cultural fue el mayor obstáculo. Generalmente se decía que una mujer no podía terminar el prolongado curso exigido para ser médico. Una debía ser realmente inteligente para hacerlo. En aquel entonces, la gente realmente creía que las mujeres no éramos tan inteligentes como los hombres. Se pensaba que una mujer no tenía la paciencia suficiente para completar el curso en el periodo de formación exigido para graduarse de médico antes de desear casarse. Mi madre y mi padre fueron un gran apoyo y creían en la igualdad de oportunidades para los niños y las niñas. Me ayudaron a encontrar una forma de ir a la escuela que era sólo para varones, de modo que pudiera estudiar ciencias prácticas y asistir a la facultad de medicina. Creo que su apoyo fue fundamental. Si no me hubieran apoyado, no habría tenido forma de alcanzar mi objetivo.

¿El hecho de ser mujer ha influido en su trayectoria hasta hoy? ¿De qué manera?

Una vez que entré en la medicina, sentí que tenía la obligación de triunfar para ser un ejemplo para las mujeres, para animarlas a participar en profesiones que eran exclusivamente ejercidas por los hombres. Cuando hice obstetricia, observé que las mujeres preferían ver a una mujer médico que a un hombre médico. Incluso cuando terminaba una larga jornada de trabajo, todavía había mujeres esperando para ver a una doctora. Algunas de ellas lo habrán hecho por curiosidad, tal vez para cerciorarse de que yo realmente existía.

¿Cuál cree que es su mayor aportación a la sociedad?

En primer lugar, al decidirme por la medicina, ayudé a cambiar la actitud sobre la educación de las niñas y la atención sanitaria para las mujeres. Muchas niñas y mujeres ahora aspiran a puestos administrativos superiores en la medicina también, que hasta ese momento estaban reservados para los hombres. Animé a las mujeres a sentir que habían tenido la misma educación que los hombres y que podían ser aptas para distintos puestos. Hice una gran aportación en materia de desarrollo de recursos humanos de profesionales médicos en África y, como docente, dicté clases durante 20 o 25 años. Ésa es una gran contribución.

¿Cuál es su principal mensaje para la generación más joven? ¿Qué tienen que aprender de su experiencia?

La gente debería aprovechar la oportunidad de trabajar en conjunto, mujeres y hombres. El mundo ha cambiado mucho. Ya no se puede pretender que las mujeres se queden en la casa. Tenemos que vivir en una sociedad más equilibrada, en lugar de en una dominada sólo por los hombres: las sociedades están formadas por mujeres y hombres. Las mujeres deberían compartir con sus madres y con sus padres sus aspiraciones, de modo que puedan alentarlas y apoyarlas, como lo hicieron conmigo.

Es una profesión muy importante ésta de prestar atención sanitaria. Creo que las mujeres estamos muy bien equipadas para hacerlo, ya que generalmente somos la primera ayuda sanitaria a la que se recurre en la casa. Se debería alentar a las mujeres a incursionar en el ámbito de la atención médica, sin importar la función que deseen desempeñar.

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