Consolidar la paz mediante el liderazgo de las mujeres

Fecha: jueves, 28 de mayo de 2015

Durante la guerra civil de Liberia, con el sonido de las balas de fondo, se las ingenió para movilizar a centenares de mujeres que se desplazaron desde su aldea rural, Totota, hasta el territorio que durante el conflicto estuvo dominado por los rebeldes en la parte occidental del país, una decisión inusitada. Annie Nushann, activista a favor de los derechos de las mujeres y madre de diez hijas e hijos, siguió desafiando a la muerte en medio del conflicto para poder crear la primera choza de la paz y centro de empoderamiento de las mujeres en Liberia. La choza de la paz fue la primera alternativa a la hora de exigir justicia en casos relacionados con los derechos de las mujeres, incluida la violencia sexual y de género. No sólo garantizaba un refugio seguro para las sobrevivientes de la violencia sino que también era un espacio para las negociaciones de paz lideradas por mujeres y la capacitación sobre liderazgo para mujeres durante y después de la guerra.

Pese a que la guerra finalizó en 2003 con la firma de un acuerdo de paz nacional, todavía se daban casos de violencia de género. Nushann sigue dirigiendo las chozas de la paz y los centros de empoderamiento de las mujeres, que ahora son ya 17, donde se ha capacitado a 425 mujeres en los ámbitos del liderazgo, la consolidación de la paz y la resolución de conflictos. Las mujeres líderes abordan cuestiones sobre la violencia de género, así como la resolución de problemas relacionados con asuntos públicos y privados para personas de la comunidad. Por si no tuviese poco trabajo, los centros de empoderamiento de las mujeres ofrecen ahora sesiones de capacitación sobre empoderamiento económico para las mujeres en relación con la gestión de pequeños negocios, la alfabetización, la confección de ropa, bolsos y otros productos. Aclamadas internacionalmente por la labor que realizan, las chozas de la paz han sido visitadas por la presidenta de Liberia –y galardonada con el premio Nobel– Ellen Johnson Sirleaf, así como por diversas y diversos responsables de las Naciones Unidas. Han sido reconocidas como iniciativas catalizadoras a favor de la paz sostenible.

Hija de un hombre que trabajaba en la extracción del caucho de los árboles, creció en lo que define como un hogar feliz, a pesar de que su padre ganaba menos de dos dólares estadounidenses al día y ella trabajaba en la agricultura de subsistencia y también en casa. Nushann ayudó a su padre lo mejor que pudo, y escogió vivir con él tras el divorcio de sus padres, para poder continuar su educación. Más tarde se casó, abrió un pequeño negocio, y, cuando empezaba a asentarse, explotó el conflicto civil en 1989. Temiendo por su vida, las de sus hijas e hijos y su negocio, se vio obligada a buscar refugio en Côte d’Ivoire.

Sin embargo, estas difíciles circunstancias la hicieron reflexionar sobre la importancia de la consolidación de la paz y lo mucho que le gustaría cambiar la situación de las mujeres en su país. Así, se enfrentó a las balas, arriesgó las vidas de sus hijas e hijos, regresó a Liberia para movilizar a las mujeres para que instaran a poner fin a la lucha civil, y creó las chozas de la paz y los centros de empoderamiento de las mujeres. A pesar de que su marido le recriminaba constantemente el hecho de haber abandonado las tareas domésticas, sigue trabajando con determinación y optimismo.

¿Cuáles fueron los mayores obstáculos a los que se enfrentó para llegar donde está hoy en día?

El hecho de que no tengo mucha educación. Cuando estaba creciendo, me intimidaba mucho hablar en público. Me costaba expresarme porque no tenía confianza en mí misma. Era tímida y creía que el mejor lugar para mí en aquel momento era mi casa y mi cocina. Al empezar con el activismo, poco a poco fui aprendiendo a expresar mis pensamientos y hablar con confianza. Admiraba a Leymah Gbowee, la manera en la que abordaba los problemas, y me decía a mí misma que así quería ser yo. Mírame ahora… Cuando hablo, no tengo tiempo de pensar si la persona a quien me dirijo es una o un soldado, una o un presidente u otro tipo de persona. Mi objetivo es transmitir el mensaje sobre la situación de las mujeres y las niñas, y me siento orgullosa de ello. Otro problema fue la falta de dinero para hacer las cosas que quería hacer. Tenemos que contribuir con nuestros recursos personales y esto es un verdadero reto.

¿El hecho de ser mujer ha influido en su trayectoria hasta hoy? ¿De qué manera?

Hasta cierto punto puedo decir que sí, porque a los hombres, incluido mi marido y los líderes comunitarios, les resultaba difícil aceptar que una mujer como yo pudiese tratar con los rebeldes armados sin miedo. Algunos creían que intentábamos usurpar su lugar y demostrar que éramos poderosas, pero nosotras lo único que queríamos era crear una sociedad pacífica. Llevó tiempo y, cuando se dieron cuenta de que no me rendía, empezaron a apreciar nuestros esfuerzos.

¿Cuál es su principal mensaje para la generación más joven?

Me gustaría decir a nuestras hijas y nuestros hijos, especialmente a las y los jóvenes, que conseguir la paz en Liberia ha costado la sangre y el sacrificio de muchas mujeres del país, pero que mantener esta paz es su responsabilidad. Los hombres jóvenes tienen que proteger los derechos de las mujeres, en lugar de infringirlos. Cuando lo hagan, Liberia será un mejor lugar para todas y todos, y para nuestras hijas e hijos.

¿Qué tiene que aprender la generación más joven de usted?

Las y los jóvenes deben centrarse en sus objetivos. No será fácil. Habrá dificultades y contrariedades, pero deben ser fuertes. Si explicara algunos de los problemas a los nos hemos enfrentado en nuestro trabajo, muchas personas no asumirían el riesgo, pero una vez crees en lo que haces y estás segura de los beneficios que aportará a tu comunidad, tienes que apostar por ello.

¿Qué mensaje transmitiría a otras mujeres y niñas que pueden verse inspiradas por su trayectoria y sus logros?

Voluntariado, voluntariado, voluntariado… Todas las mujeres y las niñas deberían ofrecerse como voluntarias para mejorar su comunidad. Si yo hubiese aspirado a tener un salario, no me encontraría donde estoy porque, incluso ahora, sigo trabajando como voluntaria. Cuando sirves a tu comunidad diligentemente, terminas por dejar huella y obtener reconocimiento.

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