Hacia Beijing+20: el momento es ahora

Hibaaq Osman es una especialista en estrategia política mundial que asistió a la Conferencia de Beijing en 1995. Hoy en día es directora de Karama, una organización internacional con sede en El Cairo que trabaja para poner fin a la violencia contra las mujeres en la región árabe y es socia del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. La señora Osman también es miembro del Grupo Asesor Mundial de la Sociedad Civil de ONU Mujeres.

Fecha: miércoles, 14 de mayo de 2014

La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing, fue mi primera gran reunión internacional y mi primera experiencia de colaboración con una comunidad de mujeres activistas, responsables políticas, académicas y líderes apasionadas de las cuestiones de la mujer y la igualdad de género. Mujeres a quienes no conocía de antes me abrieron sus corazones y pudimos conectarnos en función de nuestras áreas de interés y trabajo compartidas. El tiempo que pasamos juntas fue liberador pues en ese momento era para mí una novedad ver que las cuestiones de la mujer se debatían tan abiertamente en un grupo diverso y en un espacio acogedor y comunitario. Al terminar la reunión, me sentí orgullosa de que las Naciones Unidas aprobaran la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing como símbolo del compromiso de la comunidad internacional de promover el bienestar y el progreso de la mujer.

Hiboaq Osman
Foto: Brauer Photos/Hubert Burda Media

Desde entonces se han realizado avances increíbles, propiciados por la aprobación de acuerdos internacionales como los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las Resoluciones 1325 y 1820 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En mi opinión, el adelanto más significativo es que se toman en serio los derechos de la mujer. Más personas que nunca antes son conscientes de las cuestiones de la mujer y de la importancia de la inclusión de las mujeres.

En la región árabe, donde trabaja Karama, se han promulgado nuevas leyes, se han movilizado nuevas coaliciones y se han implementado nuevas estrategias. En 2008, Jordania promulgó su primera ley de violencia doméstica. En 2012, Libia adoptó un nuevo sistema de cuotas que permitió a las mujeres acceder al 17 por ciento de los escaños en la nueva asamblea legislativa. En 2014, Túnez levantó todas las reservas a la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Estos son solo algunos de los resultados tangibles logrados.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para lograr plenamente todos los objetivos de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing y otros acuerdos internacionales. En la última actualización de avances —Beijing+15, hace casi 5 años— se observó que en todos los países siguen existiendo desafíos considerables, especialmente con relación a la implementación eficaz de la legislación existente. Las constituciones, los tratados y las políticas que respaldan la inclusión, la participación y la igualdad de las mujeres son solo una pieza del rompecabezas; su aplicación exitosa es algo totalmente diferente, sin lo cual todos los demás progresos en esta área carecen de sentido.

Entre los desafíos actuales se destaca la presión de los conservadores que buscan limitar el alcance del progreso en las resoluciones, las declaraciones y las discusiones fundamentales. En la región árabe, esto ha sido especialmente cierto tras los levantamientos, cuando nuevos regímenes trataron de volver a implantar las leyes discriminatorias anteriores. Pero ahora más que nunca las mujeres están desempeñando un papel activo en la defensa y promoción de sus derechos. Estuvieron al frente de las protestas revolucionarias y siguen estando sobre el terreno, arriesgándolo todo para participar, ser incluidas y oídas. Está claro que las mujeres no volverán a tener miedo de exigir sus derechos. Hoy más que nunca, se están movilizando, trabajando juntas en coaliciones y más allá de fronteras para influir sobre los gobiernos y las instituciones a fin de que modifiquen las leyes o apliquen mejor la legislación existente.

Está claro que las mujeres están comprometidas con la implementación de la Plataforma de Acción de Beijing. Pero estamos muy cerca de Beijing+20, por lo que es mucho lo que debemos hacer para que este trabajo rinda sus frutos. Debemos actuar estratégicamente, con rapidez, y juntas. Y debemos actuar ahora.

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