Sandra Cauffman: De Costa Rica a Marte

Fecha: martes, 20 de mayo de 2014

Sandra Cauffman
Foto cortesía de NASA

Tras una infancia pobre en Costa Rica, sin siquiera un hogar propio, era difícil predecir el rumbo que tomarían la carrera y la vida actual de Sandra Cauffman. Es subdirectora de proyecto de la Misión de Evolución Atmosférica y Volátil de Marte (MAVEN) en la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), Centro de Vuelo Espacial Goddard, de Estados Unidos, cuyo objetivo es explorar la atmósfera superior de Marte. Es hija de una sobreviviente de violencia doméstica que escapó de su maltratador y tuvo que encontrar tres empleos para poder sacar adelante a sus hijos. Las palabras de su madre se convirtieron en un lema para Sandra: «no repitas la misma historia». Hoy en día Sandra es un modelo a seguir, madre y empleada de la NASA, con quien colabora en la exploración del planeta rojo.

¿Cuáles fueron algunos de los mayores obstáculos a los que tuvo que enfrentarse para llegar hasta aquí [NASA]?

Fueron tantos que no sé ni por dónde empezar. El primer problema es que yo no nací aquí, en Estados Unidos, sino en Costa Rica. Lo único que recuerdo desde niña es que quería trabajar en algo relacionado con el espacio pero a los 7 años, no conocía la NASA. Estaba viendo la llegada del hombre a la Luna y le dije a mi madre: «Eso es lo que quiero hacer yo algún día». Podría haberme dicho que era imposible, sin embargo, se mostró muy alentadora. Me dijo: «Nunca sabes lo que puede pasar. La vida da muchas vueltas. Si estudias y trabajas duro, quién sabe de dónde pueden surgir las oportunidades.»

Mi madre lo perdió todo. Perdimos nuestra casa y acabamos viviendo en una oficina. Pero a pesar de todas nuestras dificultades, mi madre siempre me animó a estudiar y sacar buenas notas y a seguir esforzándome. Pese a tener que conservar tres empleos para mantenernos, y aunque yo empezase a trabajar muy joven, siempre me dijo que debía de ser fuerte para poder salir adelante.

Cuando acabé la secundaria, quise estudiar ingeniería eléctrica en la Universidad de Costa Rica, pero el asesor pedagógico me dijo que no podía ser porque no había mujeres que cursasen los estudios de ingeniería eléctrica. Eso supuso un gran problema para mí en aquel momento. Me recomendaron que estudiase ingeniería industrial y fue lo que hice. Tenía 17 años por aquel entonces y pensé que daba igual mientras fuese una ingeniería, así que dije que sí. Tras tres años y medio de estudios, me di cuenta de que, en realidad, yo no quería ser ingeniera industrial. Lo que quería era ser ingeniera eléctrica. Fue entonces cuando mi madre conoció a mi padre. Lo llamo mi padre porque se casó con mi madre y nos adoptó legalmente. Las cosas empezaron a mejorar para nosotros y fue cuando nos mudamos a Estados Unidos.

Dejé todo lo que tenía en Costa Rica, incluso mis tres años y medio de estudios de ingeniería industrial. No hablaba inglés y tenía que encontrar la forma de volver a la universidad. Pasé el examen TOEFL (prueba estandarizada de dominio del idioma inglés para no nativos). A pesar del poco inglés que había aprendido en clase en Costa Rica, saqué 601 puntos y necesitaba al menos 600 para poder entrar a la universidad.

Los dos primeros semestres fueron muy duros porque los profesores hablaban tan rápido que estaba totalmente perdida. Tenía que volver a casa a revisar y estudiar todo detenidamente para entenderlo y sacar el máximo provecho de las clases. Finalmente, después de tres años y medio, me gradué en la Universidad George Mason con dos titulaciones: ingeniería eléctrica y física.

Cuando empecé a trabajar, éramos sólo un puñado de mujeres en el proyecto. Tuve la gran suerte de trabajar siempre con gente que acepta y celebra la diversidad. Es verdad que en un par de ocasiones, me confundieron con la secretaria o se comentó que yo debería estar en casa en lugar de trabajar de ingeniera. Pero esos casos fueron la excepción, no la regla.

¿Qué fue lo más importante para conseguir llegar donde se encuentra hoy?

Lo más importante fue no desistir en los esfuerzos necesarios para lograr el éxito. Sé que las oportunidades no siempre se presentan por sí solas, pero tienes que estar preparada en todo momento por si lo hacen.

Lo que más ha influido en mi vida ha sido mi madre, todos sus esfuerzos, todo su trabajo y todo el apoyo que me ha dado siempre. Fue una madre soltera, que nos crió sola a mí y a mis hermanos, sin darse nunca por vencida. Siempre mantuvo la cabeza alta y miró hacia delante. No importaba lo mal que estuviesen las cosas, ella siempre veía el lado positivo. Siempre estuvo ahí para animarme. Me dijo que no tuviese en cuenta los comentarios negativos de la gente. Su consigna siempre ha sido seguir adelante y trabajar duro para lograr lo que se desea.

Fue quien me dio la fuerza necesaria para llegar a ser quien yo quería. Mi madre es mi heroína. De eso no cabe duda. Mi madre hizo todo lo posible para que no acabásemos como ella. Era la menor de 12 hermanos y creció en un orfanato porque sus hermanos mayores no quisieron o no pudieron hacerse cargo de los más pequeños. Tenía mucha fuerza y nos la transmitió a todos nosotros. Es una sobreviviente.

¿Ha influido en su recorrido el hecho de ser mujer? ¿Cómo?

Resulta difícil para una mujer trabajar en un entorno principalmente masculino. Las mujeres tenemos que esforzarnos un poco más, pero las cosas están cambiando. No creo que eso ya esté superado. Creo que necesitamos más mujeres en cargos de responsabilidad, pero si comparamos con lo que sucedía 20 ó 30 años atrás, la situación está mejorando. 

Nosotras, las mujeres, aportamos un punto de vista diferente, una forma distinta de encarar los problemas. La diversidad siempre es buena, en todos los sentidos, no sólo la diversidad de género, sino también de colores, de tonalidades, de religiones. La diversidad ofrece otros puntos de vista; «uno más uno» no son dos, sino más, siempre. Creo que estamos avanzando en la dirección correcta. 

¿Cómo lleva el hecho de ser una de las pocas mujeres que trabajan en este ámbito, predominantemente masculino?

Trabajar para la NASA ha sido una experiencia increíble y he trabajado duro para conseguir llegar donde estoy; reconozco que he tenido que trabajar más duro por ser mujer, pero aquí estoy, feliz de haberlo conseguido y de mi situación profesional.

MAVEN es uno de los proyectos con más mujeres ingenieras. Me complace constatar que el proyecto tiene en cuenta la diversidad. ¡Estamos impacientes por llegar a Marte!

En su opinión, ¿cual es su mayor contribución a la sociedad?

Todo se resume a la gente con la que trabajas y a los vínculos que creas en tu carrera a lo largo de tu vida. Espero que mi mayor contribución sea poder transmitir un poco de ánimo y de motivación a la nueva generación.

Voy mucho a las escuelas para hablar con las niñas y los niños y tratar de motivarlos y estimularlos. Una cosa que siempre les digo es que deben sentirse agradecidas y agradecidos por lo que tienen, por sus profesores, sus madres, por todo el mundo, y procurar mantener una buena relación de trabajo con la gente. Eso es lo que nos permite sobrevivir. 

¿Qué le diría a las niñas de hoy en día?

Les diría que no se dejasen llevar por la negatividad, porque la negatividad es ignorancia. Afirmar que algo está fuera de tu alcance es ser negativo. Puede ser difícil, puede ser duro pero nunca imposible si pones todo el empeño necesario. La pobreza no es una excusa porque existen un montón de organizaciones, un montón de becas y de ayudas para la gente que verdaderamente desea superar nuevos límites. Si realmente quieres algo y pones todo tu esfuerzo en ello y te comprometes con lo que quieres lograr, siempre habrá gente dispuesta a ayudarte.  Si no estás dispuesto a hacer lo que se necesita para lograr tu objetivo, nadie te ayudará. En cambio, si haces todo lo posible por realizar tus sueños, encontrarás mucha ayuda por el camino. Sólo tienes que estar listo para aprovechar las oportunidades que puedan surgir. Se pueden tener sueños. ¡De ti depende que se hagan realidad!

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