Cuando la equidad sea un hecho y no un anhelo…

Por Michelle Bachelet

Fecha: viernes, 27 de junio de 2014

Michelle Bachelet

Michelle Bachelet asumió su cargo actual como Presidenta de Chile por segunda vez en marzo de 2014. Previo a ello, fue la primera Secretaria General Adjunta y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, desde su creación en 2010 hasta marzo de 2013. Defensora de larga data de los derechos de las mujeres, Michelle ha promocionado la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer a lo largo de su destacada carrera política y como la primera Presidenta del país entre 2006 y 2010. En este editorial, asevera que a casi 20 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing debemos reconocer los importantes avances pero aún hay desafíos pendientes en cuanto a la igualdad y equidad entre hombres y mujeres.

Este año 2014 es un año muy significativo para el avance en la construcción de un  mundo más equitativo entre hombres y mujeres. Comenzamos una celebración de un año para conmemorar los 20 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing en 2015. Esta plataforma ha proporcionado un marco de referencia que ha orientado a los países en el diseño de políticas públicas para avanzar en la concreción de la igualdad de género, evidenciándose importantes avances en distintos ámbitos.

Sin embargo, los resultados no son del todo satisfactorios. Aún son muchas las inequidades y desigualdades que debemos vencer, en materia política, económica y social.

En materia de participación incidente de las mujeres en espacios de decisión, siguen evidenciándose profundas desigualdades.  

Reflejo de ello, es que en enero de 2014, sólo 9 mujeres ocupaban el cargo de Jefa de Estado y 15 el de Jefa de Gobierno. Asimismo, sólo un 21,8 por ciento de las y los parlamentarios nacionales son mujeres, y a nivel mundial hay 38 Estados en los que las mujeres representan menos del 10 por ciento de las y los parlamentarios. Estas desigualdades  resultan más críticas en regiones como el Medio Oriente, África del Norte y Asia.

A partir de enero de 2014, sólo el 17 por ciento de las y los ministros de gobierno fueron mujeres, pero la mayoría fueron en carteras relacionadas con sectores sociales, como la educación y la familia, lo cual evidencia la reproducción de patrones estereotipados, en torno al rol de las mujeres en la sociedad.

Considerando que las mujeres representamos el 51 por ciento de la población mundial, estos datos ponen de manifiesto la profunda subrepresentación de las mujeres. Esto propicia la invisibilización de las legítimas demandas y necesidades  que tenemos como género. Lo anterior no sólo constituye un desafío en términos de justicia, sino que también representa un importante déficit en la calidad de nuestras democracias.  

Tenemos, por lo tanto, el imperioso desafío de avanzar en la construcción de mecanismos institucionales para incorporar equitativamente a hombres y mujeres a los espacios de decisión política a nivel mundial, nacional y local. Así, podremos construir democracias más sólidas y sociedades más justas.

El ámbito económico continúa siendo otra dimensión de importantes inequidades. Las mujeres siguen enfrentado mayores dificultades para insertarse en el mundo laboral. Cuando las mujeres perciben ingresos, ellas tienden, más que los hombres, a invertir en sus familias y comunidades, reduciendo el hambre, la pobreza y la desnutrición, generando externalidades positivas para toda la sociedad. Tomando nota de esta situación, los países deben realizar mayores esfuerzos en materia de inserción de las mujeres en el mundo del trabajo. El trabajo remunerado también nos permite desarrollarnos como personas, integrarnos al espacio público – por tanto es un derecho de todos y todas.

Ahora bien, la inserción de las mujeres en el mundo del trabajo es necesaria, pero no es suficiente cuando el mercado del trabajo reproduce odiosas desigualdades de género. 

En ese sentido, sigue siendo mayor la participación femenina que la masculina en el trabajo informal, el que está asociado a mayor precarización en términos de estabilidad laboral y seguridad social. 

Las mujeres del mundo ganan en promedio entre un 10 y un 30 por ciento menos que los hombres por igual trabajo, reflejando una valoración injusta del aporte de las mujeres a la economía. Para resolver esto necesitamos políticas  intersectoriales que involucren el compromiso no sólo del Estado, sino que también de la sociedad civil y del sector privado.

Por otro lado, millones de mujeres están en riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados -e inseguros-, debido a la falta de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva y de políticas planificación familiar adecuada.  

Las violencias ejercidas contra las mujeres son quizá la esfera más dura de las inequidades. Estas violencias están, generalmente, arraigadas en patrones culturales que las validan. En muchos países no existen políticas públicas que propendan a  modificar conductas, donde mujeres y hombres tengamos derecho a vivir sin violencia, y por tanto avancen en erradicar las violencias de género.

Los esfuerzos por reducir la violencia contra las mujeres no han sido suficientes. Esta problemática plantea desafíos a largo plazo, donde se conjuga una educación que promueva el respeto por los Derechos Humanos y políticas y marcos jurídicos adecuados que garanticen el derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia. Políticas públicas que aborden con fuerza no sólo la atención y sanción de la violencia contra niñas y mujeres, sino también y fuertemente la prevención.

A casi 20 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, debemos reconocer los importantes avances que han sido posibles gracias al compromiso de organismos internacionales, de los Estados y de la sociedad civil. Sin embargo, aún tenemos desafíos pendientes, porque la construcción de un mundo más justo requiere de más igualdad y equidad entre hombres y mujeres.

Sólo cuando esta equidad sea un hecho y no un anhelo, habremos cumplido cabalmente la misión de esta Plataforma de Acción.

Muchas gracias.

Para mayor información sobre “Las mujeres en el poder y la adopción de decisiones”, consulte el material editorial En la mira.