Beijing+20 – La Plataforma de Acción de Beijing cumple 20 años

 
La Plataforma de Acción de Beijing
cumple 20 años

World Environment Day

La discriminación de género del calentamiento global

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By: Parker Liautaud

Fecha: 04 June 2014

Parker
Parker Liautaud es un explorador polar. Foto: Paddy Scott

@parkerliautaud es un explorador polar que lucha contra el cambio climático. Ha participado en tres expediciones al Polo Norte y una al Polo Sur. En 2013 cubrió la distancia desde la costa de la Antártida hasta el Polo Sur en la que ha sido la travesía más rápida de la historia realizada únicamente con tracción humana. Estudia Geología y Geofísica en la Universidad de Yale y es miembro del Yale Climate & Energy Institute.

En septiembre de 1995, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing estableció los cimientos para empoderar a las mujeres y eliminar las barreras a la igualdad de género, haciendo especial hincapié en nuestra obligación de lograr un mundo en el que no exista ningún tipo de discriminación por motivos de género. En los 20 años que han transcurrido desde entonces, en un ámbito aparentemente diferente, el problema del cambio climático ha dejado de ser un tema exclusivo de laboratorios, revistas científicas y órganos legislativos del mundo para ocupar un lugar destacado en el debate público.

En algunos países, se trata de un tema que suscita gran controversia; otros tienen más claro que nunca qué medidas deben adoptar. En cualquier caso, lo que ha quedado patente en los últimos años es lo mucho que sufre la población a causa de este problema. Esto hace que sea necesario atenuar nuevos riesgos que las generaciones anteriores no tuvieron que afrontar y adaptarse a ellos. En un mundo cada vez más vulnerable, los riesgos asociados al clima suelen afectar de forma desproporcionada a las mujeres.

No soy ningún experto en igualdad de género, pero no hace falta irse muy lejos para encontrar numerosos ejemplos que conectan la desigualdad de género y el cambio climático. El último informe sobre las repercusiones del calentamiento del planeta publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que explica de forma detallada los datos más actualizados sobre adaptación, vulnerabilidad y riesgo, señala que las diferencias entre mujeres y hombres respecto a su vulnerabilidad ante los riesgos climáticos presentan desequilibrios.

El informe del IPCC destaca que los efectos del calentamiento del planeta suelen ensañarse más con las personas pobres que están expuestas a riesgos mayores a causa de habitar en viviendas de baja calidad, no disponer de acceso a servicios y contar con infraestructuras inadecuadas. Las personas que viven en la pobreza también son especialmente sensibles al peor rendimiento de las cosechas y al encarecimiento de los alimentos, dos fenómenos que ya se están produciendo. Como indica la Plataforma de Acción, la amplia mayoría de los cerca de 1,000 millones de personas que viven en la pobreza son mujeres, una realidad que ya conlleva una discriminación de género inherente en la vulnerabilidad al cambio climático. No obstante, además de esto existen desigualdades que perduran desde hace mucho tiempo y que con frecuencia han expuesto a las mujeres (en especial a las mujeres pobres) a un riesgo mucho mayor que a los varones en condiciones similares.

La tasa de mortalidad mundial es más alta entre las mujeres que entre los hombres en casos de fenómenos meteorológicos extremos, como la sequía, las inundaciones y las tormentas. No es casualidad: los anticuados roles de género suelen excluir a las mujeres de los procesos de toma de decisiones, lo que a veces les impide adoptar las medidas más adecuadas en caso de emergencia. El IPCC cita estudios que abordan cuántas mujeres nicaragüenses se espera que se queden en casa, incluso en situaciones peligrosas que pueden ponerlas en peligro, en caso de inundaciones, por ejemplo.

En los difíciles momentos que siguen a fenómenos meteorológicos extremos, suele aumentar la violencia física contra las mujeres, en especial en dos de los países más desarrollados del mundo desde el punto de vista económico: Estados Unidos y Australia.

Además, el informe muestra que la falta de protección o apoyo por parte de las instituciones puede exponer a las mujeres a riesgos al momento de soportar fenómenos meteorológicos extremos individuales y adaptarse a cambios en su situación a largo plazo, en especial en aquellos lugares donde las mujeres tienen menos acceso a información y a recursos comunitarios. Esos recursos pueden componerse de información sobre cómo actuar si se produce un fenómeno meteorológico extremo y peligroso, apoyo respecto a métodos de adaptación al cambio en la situación e incluso educación, que es un componente fundamental del empoderamiento de las mujeres.

Las desigualdades basadas en el género perpetúan las vulnerabilidades a las que se enfrentan las mujeres en un mundo en constante cambio y, pese a todo, lo mencionado hasta ahora no son más que unos pocos ejemplos. Cuando se trata de esforzarse por conseguir la igualdad entre mujeres y hombres, las consecuencias humanas del cambio climático sacan a relucir aspectos que ponen de relieve por qué es tan importante la Plataforma de Acción. Se trata de un problema de derechos humanos, un problema estrechamente vinculado a componentes fundamentales de nuestra sociedad, como la educación y la salud.

Y, sí, es cierto que los hombres también se enfrentan a riesgos específicos en función de la región. No obstante, la diferencia radica en que esas vulnerabilidades no son consecuencia de desigualdades arraigadas en la sociedad. Muchos de los riesgos que el clima representa para las mujeres pueden reducirse implementando cambios en la sociedad que ya son necesarios desde el punto de vista moral y en relación con los cuales ONU Mujeres ya está realizando progresos.

El calentamiento del planeta y la desigualdad de género comparten una característica importante. Ambos están muy extendidos y tienen profundas consecuencias en las personas y en las comunidades. Las interacciones entre ambos son complejas, y no podría abordarlas exhaustivamente en un solo artículo, aunque estuviera preparado para ello. Intentarlo supondría trivializar un asunto importante.

Desde una perspectiva moral, la igualdad no puede ser una opción o un lujo de las sociedades más privilegiadas. Debe ser una prioridad no negociable. A pesar de que nos enfrentamos a un cambio mundial sin precedentes, nos esforzamos por construir un mundo capaz de resistir. Y sólo lo lograremos si fomentamos incansablemente la igualdad en todos los aspectos de nuestra sociedad.

Para obtener más información sobre “La mujer y el medio ambiente”, consulte el material editorial En la mira disponible en el nuevo sitio web de la campaña Beijing+20.