Una valiente activista capaz de abrir numerosas puertas

Fecha: martes, 8 de julio de 2014

Georgina Beyer ES

Una auténtica fuerza de la naturaleza: así es como se le conoce popularmente. Desafiando a las críticas y plantando cara a la discriminación y los estereotipos, Georgina Beyer abrió un camino nuevo cuando se convirtió en la primera alcaldesa transexual reconocida en 1995, así como en la primera parlamentaria transexual en 2000. Defensora de los derechos humanos con un dilatado historial, su legado incluye una extensa y destacada lista de reformas legislativas. Paso a paso, trabajó con diversos colectivos marginados y vulnerables, empezando por grupos indígenas que contribuyeron a elaborar uno de los primeros proyectos de ley sobre gestión equitativa de los recursos naturales. A continuación, desempeñó un papel crucial en la aprobación de la reforma de la Ley de la prostitución en 2003, garantizando la protección para los menores y la prestación de servicios de salud para todos los trabajadores sexuales. Otro de sus logros, algo que nadie había hecho hasta entonces, fue conseguir que los legisladores firmaran y promulgaran una declaración en la que se explicitaba la protección de la identidad de género en el proyecto de ley de derechos humanos de Nueva Zelandia, así como la promoción del proyecto de ley sobre uniones civiles, que fue aprobado al final de su mandato como parlamentaria, en 2007.

Nacida en el seno de una familia maorí, una tribu indígena de Nueva Zelandia, pasó la mayor parte de su juventud trabajando para forjarse una reputación. Abandonó la escuela a los 16 años, en contra de los deseos de su madre, para trabajar como actor, presentador y trabajador sexual. Llegó incluso a ganar el prestigioso premio G.O.F.T.A. (uno de los galardones más célebres que se conceden a los actores de cine y televisión) por su papel en un popular programa de televisión. Pero ella sabía que esto era solo el principio de un largo viaje y siguió trabajando con gran empeño para cambiar las leyes y las mentalidades.

Impulsada por el deseo de mejorar la vida de los niños rurales que, como ella, crecían en un entorno de exclusión, se trasladó a Carterton, una zona agrícola de la región de Wairarapa, donde trabajó como locutora de radio. Su activismo la llevó a ser elegida alcaldesa en dos ocasiones. En lo personal, se sometió a una operación de cambio de sexo en un momento en que nadie aprobaba ese tipo de iniciativas.

Con el propósito de documentar su vida como personalidad política y actriz de éxito, escribió su autobiografía, titulada A Change for the Better (Un cambio para mejor) y publicada en 1999. En ella nos narra cómo fue capaz de cambiar las percepciones, hacer frente a los estereotipos y llegar a lo más alto cuando la mayoría de la gente le decía que le iba a resultar imposible.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos que ha tenido que superar para poder dedicarse a la política?

El principal reto, sin lugar a dudas, ha sido la naturaleza conservadora del electorado. Supongo que no se consideraba que una persona con mi pasado fuera la más adecuada para ejercer un cargo de gobierno. En la administración había personas que no me querían ver allí. La gente pensaba que no lo conseguiría, pero lo hice. Para un personaje tan pintoresco, llegar a la ciudad y pasar a integrarse en su vida política era todo un logro.

Los medios de comunicación estaban muy interesados en mi pasado. Fui trabajador sexual y drag queen, y con frecuencia sus expresiones eran poco afortunadas cuando se referían a mi persona. Los medios consideraron mi participación en las elecciones a la alcaldía de Carterton como una atracción secundaria. "Hay un transexual". No es que yo lo estuviera ocultando, en absoluto. Jamás lo he hecho. Nunca permitiré que mi condición transexual defina mi papel como ser humano.

Algunas personas tenemos una actitud, en su momento elegimos este estilo de vida y ahora nos enfrentamos a este tipo de problemas. No es justo. Yo tuve muchas dificultades en una etapa muy temprana de mi vida, y todavía hoy las tengo.

Decidí ser honesta conmigo misma, pero no encajaba con las costumbres sociales. No me ajustaba a sus convenciones.

Esta es mi experiencia, la de otras personas puede ser diferente. Todos los obstáculos con los que me encontré al convertirme en quien soy me prepararon para la política. Poseía aptitudes transferibles. ¿Qué diferencia hay entre salir a pedir los votos al electorado y ofrecerse a un cliente? ¡Ninguna!

¿Cuáles son los factores más importantes que le han llevado al lugar en el que hoy se encuentra?

Participé en la elaboración de la Ley de gestión de recursos; el Gobierno me encomendó consultar con la población maorí en su nombre, algo que no había ocurrido en los últimos 100 años aproximadamente. Tras una serie de reuniones y debates, adoptamos aquella política. De algún modo aquello me ayudó a introducirme en este mundo. Permitió romper barreras y acercar a las personas. Hizo que se esfumaran algunos de los problemas que tenían conmigo. Una vez que me conocieron, la fobia que algunas personas podían albergar hacia mí desapareció. El electorado municipal estaba encantado con la entrada de aire fresco. La gente me consideraba un personaje algo exótico, capaz de competir con el viejo orden establecido.

¿Qué repercusión ha tenido a lo largo de su carrera el hecho de ser mujer?

En ocasiones me han dejado de lado y me han excluido de la toma de decisiones.

Algunas personas mostraban fobia hacia lo "trans". Era muy complicado superar esas barreras. Son ustedes quienes tienen un problema con esto, no yo. Yo me encuentro perfectamente cómoda con ello y así quiero seguir.

¿Cuál cree que es la mayor contribución que ha hecho a la sociedad?

Por un lado, estoy satisfecha con el trabajo que hice en mis circunscripciones cuando fui elegida alcaldesa y parlamentaria. No es fácil cumplir todas las promesas que se hacen durante la campaña electoral, y yo lo hice. Entré en la esfera pública para demostrar una cosa. Me enfrenté a las barreras que la sociedad coloca frente a las personas como yo, puesto que soy un miembro de la sociedad con plenas capacidades y con el deseo de desarrollar todo mi potencial. Pero no voy a dar marcha atrás por la actitud de la gente hacia mi transexualidad. Fui elegida legítimamente sin ningún tipo de manipulación. Espero que esto haya inspirado a otras personas como yo en todo el mundo.

También redacté parte del capítulo de la Constitución del Nepal dedicado a los derechos humanos en lo tocante al “tercer sexo”, y estoy orgullosa de ello.

He demostrado que el destino es algo que se puede cambiar.

¿Qué consejo daría a las jóvenes?

Que se respeten y quieran a sí mismas, sean cuales sean los factores que las diferencien de otras personas. Que trabajen para triunfar en cualquier ámbito que les guste y en el que se sientan cómodas, y que sean consideradas con los demás.

Es importante que no cerremos puertas detrás de nosotros. Debemos mantenerlas abiertas para que otras personas puedan seguirnos.

Georgina Beyer, primera alcaldesa y parlamentaria transexual

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